De repente los fotógrafos nos preguntamos si la fotografía tiene ideología.

En la década de los 80’, en Chile, hubo un grupo de fotógrafos que se destacaron por su voluntad de denuncia de la brutalidad que imponía la dictadura, día a día. No solo en las protestas, sino en la vida cotidiana, en la lucha que los ciudadanos debían enfrentar para llevar el “pan nuestro de cada día” a sus casas. Pero también hubo otra fotografía, realizada por profesionales muy destacados, que contribuyó a la construcción de una “realidad” que favorecía al modelo económico que estaba construyendo el neoliberalismo que vivimos hoy. Son quienes se dedicaron a “retratar” paisajes urbanos, modas, los éxitos de la banca, de la minería, la agroindustria y de todo un universo de productos o servicios publicitados por la industria del consumo.

En muchos casos quienes hacían unas y otras fotografías eran los mismos, en otros casos, no. Están los casi químicamente puros como Roberto Edwards, por un lado, y Rodrigo Rojas De Negri, por el otro.

También están los “otros”. Artistas visuales dedicados a la foto, o que utilizan esta herramienta como registro de sus “instalaciones”, o “perfomances”. Fotografías que, como se dice “no muestran, ni esto, ni aquello, sino todo lo contrario”.

La decisión de tomar uno u otro camino, en algunos casos, fue simplemente vocacional o ideológica y, en otros, fue motivada por necesidades y deseos tan pedestres como la necesidad de ganarse la vida, comer bien todos los días, mandar a los hijos al colegio, comprarse casa o un auto o tomarse vacaciones de vez en cuando.

En todo caso, el “momento decisivo”, tanto en el camino que va a tomar la vida como el del momento de hacer click siempre estará teñido por el cristal de las creencias, de las necesidades y de los amores y pasiones, ya sean estos propios o inducidos por quienes ejercen el poder de turno.

Aquí y en la quebrá del ají.

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